De Magdalena Tirado
Haz clic aquí para leer el primer capítuloEl patio de una cárcel es un lugar adecuado para establecer una amistad,
para volcarse con otra persona como si el mundo solo fuera un binomio de
muros y complicidades.
Así, la protagonista de
Los que lloran solos aborda
el relato de su propia vida junto a una confesora accidental que pacientemente
la escucha. Dorotea, que así se llama, se acerca a otra reclusa en el patio
para contarle cómo ha acabado ella en prisión y su hijo adolescente en un
centro de protección de menores.
A partir de esta complicidad, de esta estrategia narrativa, el lector de la
novela se adentra en la trama de la historia. Es un texto que se mueve en
registros líricos y trepidantes dotados de una factura precisa, de un calibrado
milimétrico, de una dosificación medida. Los acontecimientos aparecen con la
claridad de la flor de los magnolios en este monólogo áspero y tierno a un tiempo.